Antes de decidir algo importante queremos verlo entero: adónde lleva, cuánto va a costar, qué saldrá mal y cómo acabará. Sería cómodo recibir el mapa cerrado antes de mover un pie.
Pero muchas cosas solo se muestran al recorrerlas. No porque haya que ir a ciegas, sino porque desde la salida no se ve todo.
Infórmate. Pide consejo. Mira si tienes fuerzas y recursos para dar el paso. Ese trabajo evita muchas tonterías.
Después llega un punto en el que no queda más información que buscar. Queda decidir si vas a seguir esperando una garantía imposible o si vas a probar un camino honesto.
No llames aventura a algo que te obliga a mentir, te deja sin dignidad o te rompe por dentro. Ahí toca parar y revisar. Pero si el paso es limpio y puedes sostenerlo, no le exijas al futuro que te cuente toda la historia antes de empezar.
Hay lugares que solo se entienden cuando ya has salido del sitio en el que no querías quedarte.