Cuando pasa algo duro, a veces alguien dice: «Todo pasa por algo». Yo no lo sé. Hay cosas que no deberían pasar. Y quien las sufre no tiene que encontrarles un lado bueno para seguir.
No hay que agradecer el golpe ni llamar «lección» a una injusticia. Se puede decir: «Esto dolió y no fue justo». Ponerlo en palabras no arregla lo ocurrido, pero ayuda a pensar qué hacer después.
Seguir puede ser algo pequeño: llamar a alguien, pedir ayuda, salir un rato o escribir lo que piensas. No arregla todo. Quizá solo te ayude a decidir qué hacer esta tarde. Eso ya es un paso.
A veces confundimos ser fuerte con aguantar en silencio. También hace falta fuerza para reconocer lo que pasó y decir: «No quiero que esto decida toda mi vida».
Si hoy solo puedes dar un paso, que sea uno elegido por ti. El siguiente puede esperar a mañana.